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Películas de cine en las que aparecen diseños de vestuario de Walter Plunkett

Rebeca

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“Anoche soñé que volvía a Manderley, me encontraba ante la verja pero no podía entrar porque el camino estaba cerrado…”

Con estas palabras comienza Rebeca (1940), adaptación cinematográfica de la novela de Daphne du Maurier con la que el director Alfred Hitchcock (Atrapa a un ladrónLa ventana indiscreta, Los pájaros) dio el salto a Hollywood. Protagonizada por Laurence Olivier y Joan Fontaine, narra la historia de una joven que, tras casarse con el aristócrata Maxim de Winter, se traslada a vivir a Manderley, una mansión donde aún perdura el recuerdo de la primera señora de Winter: Rebeca.

La diseñadora de vestuario Marianne había sido habitual en los primeros largometrajes de Hitchcock, pero en esta nueva etapa americana, algunas fuentes como TCM o Deborah Landis en su libro Dressed: A Century of Hollywood Costume Design, apuntan a Irene Lentz como la elegida para crear los trajes de la película Rebeca (en pantalla no aparece ningún diseñador acreditado).

El filme se inicia con una voz femenina en off narrando los recuerdos en una mansión que se muestra derruida. A continuación, un flashback nos remonta al sur de Francia, donde un hombre con traje se encuentra al borde de un acantilado. Una joven, ataviada de manera sencilla con falda, jersey y chaqueta de punto le grita para que se detenga, pero él la reprende y le ordena que se vaya. En este primer encuentro se aprecia una clara contraposición de los personajes a través del vestuario, evidenciando la clase social de la que procede cada uno.

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Vestuario dispar entre los dos personajes al comienzo de “Rebeca”: ella, con  prendas discretas y él, con un refinado traje.

En el vestíbulo del hotel Princesse de Montecarlo aparece la misma joven junto a la señora Edythe Van Hopper, quien advierte de la presencia en el hall del señor Maxim de Winter, el mismo hombre del acantilado. Al tratarse de un lugar de lujo, los personajes visten prendas elegantes y sofisticadas; queda patente el contraste entre el atuendo estridente de la señora Van Hopper, denotando su arrogancia e insolencia, y el recatado y sencillo de su tímida e ingenua acompañante.

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Dos estilos diferencian los caracteres de los personajes femeninos: vestido recargado de la señora Van Hopper frente al atuendo sencillo y cubierto de la joven dama de compañía.

En el momento que se retiran a sus habitaciones, la señora Van Hopper regaña a la joven por su comportamiento con el señor de Winter, manifestando a su vez la adoración que el aristócrata sentía hacia su difunta esposa, la hermosa Rebecca Hildreth.

Van Hopper cae enferma con un resfriado y se recluye en la habitación del hotel. El señor de Winter invita a la joven a compartir mesa en el almuerzo. Ella, con atuendo formal compuesto por chaqueta, falda y blusa, se muestra tímida pero locuaz; el cuello abierto de la camisa (hasta el momento aparecía en todas las secuencias con el pecho cubierto) representa la libertad de la joven sin la señora Van Hopper; el volante en la blusa aporta movilidad, acentuando el carácter entusiasta del momento.

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Un elemento como el volante crea movimiento, acentuando la locuacidad de la joven junto a Maxim de Winter.

En los días que dura la convalecencia de Edythe Van Hopper, la pareja se cita en varias ocasiones y la relación se consolida. La joven cambia las clases de tenis por paseos en coche y bailes junto al rico inglés. En las escenas de esos encuentros se puede observar una evolución en su vestuario, acorde con el estado de felicidad que vive.

La vestimenta deportiva es un guiño al lugar donde se encuentra, ya que fue el francés Jean Patou quien diseñó la falda plisada en los uniformes del tenis en la década de los años 20; la camisa de algodón ligero (hoy conocida como polo) fue creada por el tenista galo René Lacoste en los años 30.

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La joven con atuendo deportivo. El tenis, al igual que el color blanco de los uniformes se convirtió en símbolo de las clases acomodadas.

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Detalle del cuello abrochado, simbolizando la incomodidad que le causa la presencia de Van Hopper.

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A medida que prospera la relación de la pareja ella aparece con tejidos más ligeros. En la imagen, con la blusa desabrochada, signo del entusiasmo y felicidad de la joven.

La dicha dura poco: la señora Van Hopper anuncia su regreso inmediato a Nueva York debido al compromiso de su hija y la joven intenta contactar con Maxim de Winter para despedirse. Vestida con traje de día, destaca nuevamente la austeridad del atuendo; el cuello cerrado acentúa la desesperación por encontrar al aristócrata y el temor a no volverlo a ver.

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La protagonista, con un atuendo de viaje en el que destacan los complementos como el sombrero y los zapatos con tacón tipo Oxford, muy populares en los años 30 y 40.

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Detalle de la chaqueta cerrada y la blusa abrochada hasta el cuello, señal del temor de no volver a ver a Maxim de Winter.

Finalmente, logra localizar al señor de Winter en la habitación del hotel y éste le pide que elija entre irse a América con la señora Van Hopper o a Manderley con él. Ante el asombro de la joven, el aristócrata le propone matrimonio y ella acepta. Tras una ceremonia rápida, la pareja regresa a la mansión de Manderley.

Oscar Wilde afirmaba que “nunca hay una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión”: tras ser sorprendidos por la lluvia de camino a Manderley, la nueva esposa de Maxim aparece empapada ante la multitud de sirvientes; detalle importante que la diferencia de la impecable primera señora de Winter, Rebeca. Una chaqueta cerrada, con grandes hombreras y una postura encorvada enfatizan la sorpresa de la joven ante tal recibimiento y el pavor al conocer a la señora Danvers, el ama de llaves.

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La apariencia austera y actitud torpe de la nueva señora de Winter es opuesta a la de Rebeca.

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El matrimonio es recibido por la servidumbre. El vestuario de la nueva señora de Winter remarca el pavor ante la señora Danvers.

La presencia de la señora Danvers, erguida y con actitud impasible, intimida a la nueva señora de Winter. Su atuendo, negro de pies a cabeza, que puede hacer referencia al luto por Rebeca, es empleado sin duda por la diseñadora de vestuario con una connotación negativa, asociada a la maldad.

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El aura de misterio de la señora Danvers se evidencia a través del vestuario sombrío y lúgubre.

Esa misma noche, mientras la joven se arregla para cenar, la señora Danvers aparece dando indicaciones acerca de la estancia, dejando claro que la primera señora de Winter empleaba el ala oeste de la casa, la más hermosa de la casa y la única con vistas al mar.

Observamos cómo el vestido de la joven, de estampado floral, mangas abullonadas y un gran lazo en la parte trasera, define su carácter infantil; el diseño fruncido de los hombros acentúa la postura encorvada, haciendo al personaje insignificante ante al recuerdo de Rebeca. La diseñadora también juega con las tonalidades en el vestuario para representar el pasado y presente de la casa: matices claros para la nueva y joven inquilina y un color oscuro en la señora Danvers, un personaje siempre ligado a la difunta Rebeca.

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El diseño del vestido acentúa el carácter infantil del personaje. Mangas abultadas, frecuentes en la moda de finales de los años 30.

La presencia de Rebeca domina cada rincón de Manderley. Su recuerdo, potenciado también por la señora Danvers, hace que la joven se muestre inferior, aprobando todas las rutinas que Rebeca tenía establecidas en la casa.

Si la nueva señora de Winter continúa con un estilo ingenuo e inocente a través de chaquetas de punto o blusas con cuello bebé, la señora Danvers persiste en su lúgubre túnica larga, que le permite una aparición sigilosa y fantasmal en cada escena. Decir, como curiosidad, que tras el estreno de la película de Hitchcock en España, la prenda de punto que luce Joan Fontaine se popularizó con el nombre de “rebeca”.

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La nueva señora de Winter, con un estilo cándido y sencillo.

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El atuendo largo de la señora Danvers es una forma de deshumanizar al personaje.

La nueva señora de Winter es consciente del antagonismo con su predecesora. Tras un almuerzo en la casa, Beatriz, hermana de Maxim valora el aspecto descuidado de la joven y remarca la importancia que daba su hermano a esos detalles. A partir de ese momento, y coincidiendo con una actitud más segura del personaje, percibimos un pequeño cambio en su estilo con un diseño más elegante de hombros marcados y el cabello recogido con diadema.

En un intento de imitar la belleza y la sofisticación que todos rememoran de Rebeca, la joven encarga en Londres un elegante vestido de gala. Sin duda, el diseño difiere del estilo ingenuo del inicio de la película, en un elegante color negro, hombros descubiertos y unas flores adornando el escote. Sin embargo, Maxim de Winter se muestra despreocupado ante el cambio de su esposa.

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La nueva señora de Winter con un estilo más refinado pero manteniendo su decoro con una blusa cerrada.

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La nueva señora de Winter compite con el espectro de Rebeca intentando emular su estilo sofisticado.

Al día siguiente, la actual señora de Winter satisface su curiosidad cuando se dirige al ala oeste de la casa y se adentra en el dormitorio de Rebeca. De inmediato, aparece la señora Danvers, que le muestra la rutina de la difunta y su vestidor: desde un abrigo de piel, lencería o el delicado y sexy camisón con el que ésta dormía.

En las secuencias, es notorio el vestuario púdico y recatado de la protagonista para acentuar más la divergencia con la elegante y seductora ropa de su predecesora. De igual manera, el matiz de cada atuendo encarna el pasado y presente de Manderley: la sombra de Rebeca, representada en la opaca Danvers, frente a los tonos claros de la actual señora de Winter.

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Juego de tonalidades para representar el mundo de los muertos (Danvers) y el de los vivos (actual Señora de Winter).

Tras lo sucedido, la frágil y asustada joven se rebela y se posiciona como la nueva señora de Winter, ordenando a Danvers que retire todas las pertenencias de Rebeca de la casa.

La joven propone a su marido celebrar una fiesta de disfraces y promete sorprenderlo con un traje diseñado por ella. El evento le ofrecerá la oportunidad  de brillar como anfitriona y tener su propia identidad. Tras dibujar varios bocetos, el ama de llaves le sugiere inspirarse en uno de los retratos de familia, el cuadro favorito de Maxim de Winter.

Aunque el personaje se había fortalecido, observamos cómo la figura desgarbada de la joven se torna minúscula ante el gran retrato de Carolina de Winter; las hombreras de la blusa acentúan su silueta curvada, aludiendo a la fragilidad de la joven ante el dominante retrato de Manderley.

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Las hombreras de la blusa crean un efecto encorvado que merma la figura de la frágil joven, mostrándose insignificante.

En la prueba de vestuario realizada a la actriz Joan Fontaine para las escenas de la fiesta de disfraces, se seleccionaron trajes de otras películas en las que había participado el mismo productor, David Selznick. En las imágenes del vídeo (abajo), podemos ver a Fontaine luciendo dos de los vestidos diseñados por Walter Plunkett para Vivien Leigh en el papel de Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó (1939). 

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Vivien Leigh (izda.) con vestido nupcial en satén de seda y aplicaciones de tul y hojas de seda, diseñado por Walter Plunkett para Lo que el viento se llevó. Joan Fontaine (drcha.) luciendo el mismo traje en la prueba de vestuario de Rebeca (1940).

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A la izquierda, Vivien Leigh como Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó (1939), luciendo el mítico vestido de terciopelo rojo, adornado con plumas de avestruz en mangas y cuencas de cristal en la falda. A la derecha, Joan Fontaine en la prueba de vestuario de Rebeca (1940).

Finalmente, la diseñadora eligió y modificó un traje que ya fue utilizado por Greta Garbo en La dama de las camelias (1936) -creado por Adrian- eliminando las estrellas de la falda y añadiendo un lazo alrededor del escote y un adorno  floral.

La elección del voluminoso vestido blanco, con falda de volantes y adornos florales, está ideada para que la nueva señora de Manderley aparezca como una gran emperatriz del siglo XIX ante sus invitados y luzca tan poderosa y bella como su predecesora. Pero cuando baja las escaleras, Maxim de Winter, horrorizado, le ordena que se cambie inmediatamente: era el mismo vestido que Rebeca había portado el año anterior antes de su muerte.

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Greta Garbo (izda.) en La dama de las Camelias (1936), con vestido de Adrian. Joan Fontaine (centro) en la prueba de vestuario para Rebeca (1940) y, a la derecha, con el diseño modificado para la película de Alfred Hitchcock.

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La nueva señora de Winter luce un espectacular vestido de época de color blanco en la fiesta de disfraces.

Este momento supone un cambio clave en la película: la joven le recrimina a la señora Danvers la humillación; el ama de llaves asegura que nunca podrá reemplazar e igualarse a Rebeca, incitando a la señora de Winter a saltar por la ventana. Unas bengalas y gritos alertando del hallazgo del balandro de Rebeca hundido en la playa impiden el trágico desenlace.

La joven busca a Maxim y lo encuentra en la cabaña de la playa. Ella aparece ataviada con un abrigo oscuro (rompe con las tonalidades nítidas anteriores) y holgado, prenda que podría pertenecer a su marido, implicando la unión de la pareja y una ruptura definitiva con el pasado: el aristócrata confiesa que nunca amó a Rebeca.

Tras una investigación sobre la aparición del cuerpo y muerte de Rebeca, Maxim es absuelto. La joven gana la batalla a su predecesora, un triunfo que se advierte en la transformación del vestuario de la señora de Winter: oscuro y más refinado que el del comienzo, mostrando la jerarquía que ejerce en Manderley con unas pronunciadas hombreras.

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Las prendas oscuras, alegoría de la nueva identidad de la joven.

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Los hombros marcados simbolizan la autoridad y dominio que ejerce la joven en Manderley.

Una vez más, el vestuario define el papel de cada personaje e Irene, con detalles sutiles, logra establecer los estados de ánimo de la protagonista, así como acrecentar la crueldad de la señora Danvers.

Texto: Lola Delgado Pozo
Fotos: the.hitchcock.zone, theredlist.com


https://retalesdeunidilio.wordpress.com/2017/08/05/rebeca

El texto de este artículo se encuentra sometido a una licencia Creative Commons del tipo CC-BY-NC-ND (reconocimiento, no comercial, sin obra derivada, 3.0 unported)

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El cine se tiñe de rojo

La vida está llena de multitud de colores. Quizá el de más intensidad y al que más significados se le asocian es al color rojo.

Carmesí, escarlata, cereza, bermellón, coral, fucsia, … todas las diversidades de tonos están presentes en nuestro día a día y, como no, en el cine para mostrarnos mensajes través del decorado o el vestuario. Podemos recordar la emblemática niña que aparece en La Lista de Shindler, ataviada con un abrigo rojo, la única nota de color en una película rodada en blanco y negro, simbolizando la sangre que dejó el genocidio judío en la Segunda Guerra Mundial.

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Escena de “La lista de Shindler” donde aparece una niña con abrigo rojo

En el artículo de hoy analizaremos algunos diseños de vestuario que se han realizado en este color y que forman parte de escenas memorables del cine.

Scarlett O’Hara lució hasta cuatro diseños rojos en Lo que el viento se llevó (1939). Walter Plunkett fue el artífice del maravilloso vestuario de este clásico. La bata con cuello alto blanco de volantes que viste Scarlett, en una de las escenas más recordadas, es de color rojo, encarnando el carácter testarudo y pasional de la protagonista, reflejando esa relación de amor y odio entre Rhett y ella.

Plunkett tuvo en cuenta el tono de la túnica para que no coincidiera con la alfombra roja que se alineaba en la escalera.

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A la izquierda boceto de Walter Plunkett para la película “Lo que el viento se llevó”. A la derecha Scarlett O’Hara con túnica de terciopelo rojo

El idilio de Audrey Hepburn con el modisto francés Hubert de Givenchy comenzó en Sabrina y desde entonces,  la actriz se convirtió en su musa. En la comedia musical Una cara con ángel (1957) aparece con una espectacular creación de Givenchy: vestido rojo palabra de honor que estiliza la silueta de la actriz, llenando la pantalla de color.

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Audrey Hepburn en una escena de “Una cara con ángel” con una creación del modisto Hubert de Givenchy

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Audrey Hepburn con el diseño de Givenchy

Marilyn Monroe desprendía sensualidad por sí misma, pero el modisto William Travilla confeccionó este impresionante vestido rojo de lentejuelas para la actriz en Los caballeros las prefieren rubias (1953), consiguiendo que luciera en todo su explendor con el escote delantero y la abertura lateral de la falda.

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A la izquierda boceto del modisto William Travilla para la película “Los caballeros las prefieren rubias”. A la derecha Marilyn Monroe con el diseño de lentejuelas rojas

El maestro del suspense Alfred Hitchcock supo como nadie utilizar el simbolismo del color para narrar la historia de sus películas. En Crimen perfecto (1954) aparece Grace Kelly con un vestido del diseñador Moss Mabry en rojo, con falda amplia y un bolero de encaje del mismo color. De esta forma se evoca a la aventura que mantiene la protagonista con otro hombre.

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Grace Kelly en “Crimen Perfecto” con vestido del diseñador Moss Mabry

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Detalle del escote de corazón y bolero de encaje rojo

Kelly Lebrock encarnó a La mujer de rojo (1984) en la película del mismo nombre. Un éxito de los años 80 donde la actriz se muestra explosiva con un vestido de la diseñadora Ruth Myers que hizo soñar a más de uno.

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Kelly Lebrock en “La mujer de rojo” durante una escena que recordaba a Marilyn Monroe en “La tentación vive arriba”

El vestido de Jessica Rabbit en Quién engañó a Rogert Rabbit (1988), propio de los años 40, es un ejemplo de un diseño icónico que ha servido de inspiración para otros diseñadores. Jessica, cantante de cabaret, muestra un modelo glamuroso muy similar al que comentaba anteriormente de Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias: tejido de lentejuelas rojas, escote corazón y una abertura lateral que la convierten en el dibujo animado más sensual hasta el momento.

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Jessica Rabbit en una actuación en “El Club de la Tinta y la Pintura

La transformación de Vivian, de prostituta en Sunset Boulevard a dama, en Pretty Woman (1990), se logra gracias al vestuario. Sin duda alguna, el elegante vestido rojo que luce en la escena de la ópera es el que mejor representa el lujo y la pasión de una mujer de clase alta. Marilyn Vance Straker se inspiró en el cuadro Madame X, de John Singe, para crear este diseño, en un principio pensado en color negro por el director, y que Vance optó por cambiar a rojo para lograr mayor impacto. No hay que olvidar, además, que este color ha estado históricamente asociado a la riqueza por su luminosidad, mostrándose así Vivian más acorde con la clase alta que frecuenta la ópera.

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A la izquierda pintura “Madame X” de John Singer. A la derecha boceto de la diseñadora Marilyn Vance Straker para “Pretty Woman”

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Julia Roberts como Vivian con uno de los vestidos más recordados del cine

Para una película con escenarios oscuros y sombríos como Drácula de Bram Stoker (1992), el director, Francis Ford Coppola, quiso que el vestuario fuera colorido para que los personajes pudieran destacar. La encargada de lograrlo fue Eiko Ishioka, amante del color escarlata oscuro que le recordaba a Japón, su país. Quizá por eso, o tal vez por ser el color de la sangre, lo eligió para crear el fastuoso y sensual vestido que Mina luce en su cena con Drácula.

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A la izquierda boceto de la diseñadora Eiko Ishioka. A la derecha detalle de la parte trasera de su creación para “Drácula” y cuyo trabajo le valió un oscar al mejor diseño de vestuario en el año 1992.

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Una escena de la película “´Drácula de Bram Stoker” donde aparece Mina con un espectacular vestido en color rojo

No podía faltar en este artículo el cine español. Sonia Grande y Lala Huete lograron un gran trabajo de diseño de vestuario en La niña de tus ojos (1998), recompensado con un Goya.
Ambientada en la Guerra Civil, vemos momentos en los que aparece Penélope Cruz con un precioso traje de gitana en color rojo bordado con estampado floral y mangas de flecos, muy español.

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En la imagen, Penélope Cruz con el vestido diseñado por Sonia Grande y Lala Huete para “La niña de tus ojos”

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Vestido original exhibido en la Exposición “Viaje al cine español”

Catherine Martin ha logrado hacerse un hueco entre los diseñadores más importantes del cine gracias a su trabajo en Moulin Rouge (2001) o Australia (2008). En la primera película, Martin quiso reflejar el estilo bohemio de los cabarets parisinos de 1900 con un toque particular y actual. Nicole Kidman luce un diseño de dos piezas en satén rojo de estilo victoriano; el corpiño con escote en V y espalda encorsetada, así como una espectacular cola de capas en la parte trasera del vestido. En Australia (2008), ambientada en los años 30, la esencia de la protagonista se refleja en su ropa. De los 2000 trajes que Martin y su equipo elaboraron, destaca en particular uno de color rojo con estampado floral y cuello mao.

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Boceto de la oscarizada Catherine Martin para “Moulin Rouge”

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Nicole Kidman en “Moulin Rouge” con un vestido espectacular en color rojo a juego con su melena

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A la izquierda boceto en color de Martin para “Australia”, a la derecha una escena de la película

Quentin Tarantino confió en la diseñadora Anna B. Sheppard el vestuario de Malditos Bastardos (2009). Sheppard, quien ya había trabajado en películas ambientadas en la misma época de la Guerra Mundial, logró una visión particular de ese período con algunas prendas extravagantes. El vestido rojo de Melanie Laurent es una de las piezas más destacadas de la película. El diseño era originariamente de color negro, pero Sheppard lo cambió a rojo para que la protagonista se sintiera más femenina.

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Vestido de la diseñadora Anna B. Sheppard para “Malditos Bastardos” de Quentin Tarantino

Film Title: Inglourious Basterds

Detalle de la manga y escote del vestido que, originariamente, era de color negro y Sheppard lo cambió a rojo

Judianna Makovsky logró un vestuario de fantasía y color en Los juegos del hambre (2012). La diseñadora se puso en la piel del estilista de Katniss, Cinna, para elaborar el traje de “la chica en llamas”. El tono de rojo es, en esta ocasión, anaranjado simbolizando el fuego.

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La actriz Jennifer Lawrence en una escena de la película con el vestido de “la chica en llamas”

La diseñadora Mary Zophres atrajo la atención del espectador vistiendo de rojo a Emma Stone en Gangsters Quad (2013). Ambientada en los años 40, el vestido largo de gasa que luce la protagonista resalta su silueta rompiendo con el estilo de la época, la abertura lateral hace que el vestido sea mucho más sensual. En un principio iba a ser de color verde azulado, pero Zophres optó por el rojo para lograr mayor impacto y atracción.

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Boceto original de Mary Zophres para “Gangsters Quad”

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Emma Stone en una secuencia de “Gangsters Quad”

Por último, un diseño de una película basada en un cómic. Peggy, en Capitan América: soldado de invierno (2014), destaca con el vestido rojo que aparece en la imagen, porque a lo largo de la película sólo se muestra ataviada con uniforme militar. La diseñadora Judianna Makovsky pensó que el rojo sería el color más apropiado para reflejar el carácter fuerte de la protagonista. En una escena dominada por hombres con uniformes, Peggy luce imponente de rojo.

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El personaje de Peggy luciendo un diseño rojo de Judianna Makovsky en “El Capitán América, soldado de invierno”

Como vemos, el rojo, un color aplicado en el cine como herramienta de narración, que evoca muchos sentimientos y emociones. ¿os gusta este color?

Texto: Lola Delgado Pozo


https://retalesdeunidilio.wordpress.com/2014/06/13/1385/

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