Archivos Mensuales: enero 2015

The imitation game (Descifrando Enigma)

cartelEl género bélico invade estos días la cartelera cinematográfica con títulos como Invencible (Unbroken), Descifrando enigma (The imitation game) o Corazones de acero, ambientadas en la Segunda Guerra Mundial.

Hace unos días vi Descifrando enigma (2014), película dirigida por Morten Tyldum y protagonizada por Benedict Cumberbatch y Keira Knightley. Me cautivó su historia y la magnífica interpretación de Cumberbatch como Alan Turing.

The imitation game muestra algunos episodios clave de la vida de Alan Turing, matemático y criptógrafo británico, responsable de descifrar el código secreto de Enigma, la máquina de cifrado que los submarinos alemanes emplearon en sus comunicaciones militares durante la Segunda Guerra Mundial. La película incluye escenas de la infancia de Turing y el período de postguerra, cuando es procesado por ser homosexual.

Las labores de documentación del equipo de vestuario, dirigido por Sammy Sheldon (V de Vendetta, X- Men:primera generación, Ant- Man), fueron complejas, ya que el trabajo que se hacía en Bletchley Park durante la Segunda Guerra Mundial era secreto y las imágenes de esa época son escasas. El visionado de fotografías de Alan Turing, así como la biografía que Andrew Hodges escribió sobre el matemático, fueron primordiales para recrear al personaje en la gran pantalla.

Para Sheldon, que había trabajo mayormente en personajes de ficción y superhéroes, idear un vestuario de una temática tan utilizada como la bélica supuso todo un desafío. Aún así ha logrado dar un toque de originalidad desterrando los tonos apagados y marrones habituales en este tipo de películas.  En una de las fotografías que Sammy Sheldon encontró durante su investigación, aparecen unos niños evacuados al campo inglés con tonos como el rojo, verde o azul, detalle que sirvió de inspiración para contar la historia de los personajes de The imitation game a través del color del vestuario.

En el personaje de Alan Turing predomina la paleta de grises, azules y marrones. Fotografías reales del matemático sirvieron de referencia para la recreación del vestuario y para la búsqueda de las prendas vintage que dieran más realismo. Las camisas, suéters y corbatas empleados tienen patrones geométricos y estampados gráficos lineales que sugieren el código de ordenador del trabajo de Turing.  Su apariencia y el color del vestuario evolucionan conforme progresa su trabajo en Bletchley Park : comienza con trajes marrones y va cambiando a un aspecto más descuidado, con prendas arrugadas en tonos grises.

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A la izquierda, boceto de Sammy Sheldon para el personaje de Alan Turing. A la derecha, el actor Benedict Cumberbatch con una chaqueta larga vintage de una fila de botones y bolsillos de solapa, camisa confeccionada por la empresa “Holland & Sherry” y pantalones anchos con vuelta.

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Al inicio los tonos marrones predominan en el protagonista masculino. Se jugó con la variedad de estampados para reflejar la personalidad de Turing, un hombre despreocupado por su imagen y por la moda.

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El vestuario plasma la moda masculina de los años 40 en la etapa en la que Turing trabajó descifrando Enigma: chaquetas largas y pantalones anchos. En la imagen, Turing con gabardina. Los tonos apagados eran habituales en esa época.

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Las corbatas eran una prenda usual en el matemático inglés.

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Mucha ropa empleada en “The imitation game” procede de la empresa “Carlo Manzi Limited”; otra, en las que se necesitaba recrear el estilo específico de la época, fue realizada por el equipo de vestuario.

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Los chalecos súeter de lana sobre camisas, de moda en la época, son una prenda usual en Turing. Se juega con el patrón geométrico en la ropa, creando un código para el personaje y un guiño al trabajo de descifrado del matemático.

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La apariencia del personaje evoluciona a un aspecto cada vez más descuidado. En el fotograma, Turing con camisa arrugada sin corbata que complementa con unos tirantes.

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Detalle de la cartera de piel empleada en la película “The imitation game” y el tejido conservador de raya diplomática de los pantalones.

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Los tejidos y las prendas cambian para dar un aspecto desaliñado. En la imagen, escena donde aparece Turing con bata.

En otros artículos del blog hemos visto cómo algunos diseñadores no se rigen estrictamente a la época en la que se enmarca la historia de la película. El cine les permite tomarse algunas licencias a la hora de recrear el vestuario para que visualmente funcione en la gran pantalla. En The imitation game, las escenas que se desarrollan en 1927, siendo Turing un adolescente, son escasas y breves, por lo que había que diferenciarlas del resto de secuencias para situar al personaje en la escuela. Sheldon tomó como referencia el color crema de los pantalones del uniforme que los estudiantes solían llevar en verano o para acudir a la iglesia para identificar al personaje en el lugar: Sherborne.

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Los uniformes originales del colegio en el que Turing estudió eran de color azul, negro o gris. Para poder identificar al personaje y situarlo en la escena (a través de flashback), se decidió que los estudiantes portaran pantalones de franela en color crema. De otra forma, nadie hubiera sabido que eran secuencias en la escuela de Sherborne.

The imitation game transcurre entre 1927 -1953; poder diferenciar el vestuario en cada década supuso otro desafío para Sammy Sheldon. En esos años las personas disponían de un armario muy limitado, por lo que Sheldon tenía claro que no sería un vestuario glamouroso, y creó tres “looks” para cada personaje, intercambiando complementos y prendas. Buscó ropa austera con la etiqueta CC41 (Civilian clothing 1941), signo que distinguía las prendas racionadas por el Gobierno británico durante la época de contienda y que tenían unas normas específicas de calidad y un precio controlado.

Keira Knightley interpreta a la criptoanalista Joan Clarke, la única mujer que se incorpora al equipo de Bletchley Park para descodificar Enigma. Sammy Sheldon advirtió en las fotografías reales que Clarke no era atractiva ni sensual y tuvo que plasmarlo en Keira, por lo que la dotó de prendas anchas y prácticas. Mucha de la ropa que se encontró para este personaje tuvo que ser creada por el equipo de vestuario, al encontrarse en mal estado, pero la que pieza que define a Joan Clarke es la rebeca de punto, siempre en color verde, rojo o azul.

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A la izquierda, boceto de Sammy Sheldon. A la derecha, imagen de Joan Clarke con un abrigo de color marrón. Detalles como el uso de leotardos, en lugar de medias, reflejan la personalidad de Clarke: una mujer que no cuidaba su aspecto; nada de su atuendo revela seducción o sensualidad.

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Joan Clarke en el momento de la prueba de selección para entrar en el equipo de Turing. Observamos el abrigo con hombreras anchas, común en la moda de los años 40.

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El rojo burdeos de la rebeca destaca sobre las demás prendas en azul marino. El uso del color rompe con los tonos tradicionales de las películas que se desarrollan durante la Segunda Guerra Mundial.

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Detalle del sombrero en color azul marino. Cuello con estampado de cuadros de la rebeca contrastando con los lunares del vestido .

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Secuencia donde apreciamos el detalle de los bolsillos de la chaqueta de punto de Clarke.

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A la derecha de la imagen, Joan Clarke con un vestido largo hasta la rodilla, leotardos de lana en color gris y zapatos austeros.

Benedict Cumberbatch as Turing with Keira Knightley as Joan Clarke in The Imitation Game.

El color azul cobra protagonismo en esta escena sobre los tonos marrones del decorado.

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La rebeca caracteriza al personaje femenino de “The imitation game”, una prenda habitual en las mujeres de los años 40.

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Detalle del trenzado de la rebeca. Durante la guerra el número de botones en las prendas era limitado debido a la escasez de materiales.

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Los sombreros que luce Joan Clarke no están en armonía con el resto de su atuendo, manifestando así que era una mujer a la que no le preocupaba la moda.

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A la izquierda, bosquejo de la diseñadora de vestuario. A la derecha, imagen de Joan Clarke. Durante la guerra sólo se permitían seis costuras en las faldas, por lo que no tenían mucho vuelo; largo hasta la rodilla.

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Las lanas se reutilizaban para elaborar nuevas prendas y las rebecas de punto cobraron protagonismo en la moda femenina de los 40. En la imagen, Clarke con un cárdigan de patrón en zig zag, usual en ese período.

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A la izquierda, boceto de Sammy Sheldon para el personaje de Joan Clarke con atuendo de los años 50. A la derecha, abrigo de la película durante una exposición. Apreciamos que los marrones iniciales desaparecen; la contienda ha terminado. Estas prendas siguieron siendo esenciales para la mujer en los años de postguerra.

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El vestido de color azul que luce Joan al término del film era muy importante para la escena. Necesitaban una prenda que fuera impactante y que reflejara la disparidad entre Turing y Clarke después de la guerra: ella sutil y delicada, él desaliñado y perturbado por la castración química a la que fue sometido.

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No fue una tarea fácil diferenciar en la misma película dos décadas diferentes. El vestido de Clarke lleva fruncidos en el pecho y tiene una botonadura, algo habitual en los 50.


Texto: Lola Delgado Pozo

Fotos: IMDb, http://theimitationgamemovie.com/


https://retalesdeunidilio.wordpress.com/2015/01/15/the-imitation-game-descifrando-enigma/

El texto de este artículo se encuentra sometido a una licencia Creative Commons del tipo CC-BY-NC-ND (reconocimiento, no comercial, sin obra derivada, 3.0 unported)

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La mujer invisible

Cartel Las celebraciones navideñas siempre me traen a la memoria el clásico Cuento de Navidad de Charles Dickens. En otra ocasión comenté mi fascinación por este escritor y su obra. Hace poco pude ver La mujer invisible (2013), película que relata la historia de amor vivida durante trece años entre Dickens y su amante, Nelly Ternan.

Dirigida y protagonizada por Ralph Fiennes, muestra la sociedad de la Inglaterra del Siglo XIX, donde las mujeres, en muchas ocasiones, pasaban desapercibidas. Cuando Nelly conoce a Dickens, casado y padre de familia, él es un aclamado novelista. Para poder comenzar su relación amorosa, Nelly elige vivir a la sombra del escritor, como una mujer invisible, y de esta forma no afectar la carrera del afamado dramaturgo ni su reputación como mujer.

Para recrear la estética del siglo XIX, el diseñador Michael O’Connor (Jane Eyre, La Duquesa, Suite francesa) se encargó del vestuario de La mujer invisible, diferenciando a través de los trajes los dos períodos en los que se desarrolla la historia: el año 1856, cuando la joven actriz Ellen Ternan conoce al afamado escritor Charles Dickens, y 1885, donde se muestra a una Nelly adulta que reflexiona sobre su vida como amante del novelista.

La investigación fue clave para ajustar cada prenda al período en el que se desarrolla la película. O´Connor ya había trabajado en otras películas de época como Jane Eyre, pero la moda evoluciona y, tanto él como Fiennes, pretendían ilustrar con exactitud histórica los dos puntos específicos del tiempo- casi 30 años de diferencia separan algunas escenas- en los que se narra la historia de La mujer invisible.

Además de la visita que el diseñador hizo junto al director Ralph Fiennes a los archivos del Museo de Victoria y Alberto en Londres, O´Connor recurrió a biografías de Peter Ackroyd sobre Dickens para recrear las escenas que tienen lugar en 1850 y dar autenticidad al vestuario, ya que, de esa etapa hay pocas fotografías del escritor. Con la protagonista siguió un proceso similar: los documentos gráficos de Nelly al comienzo de su romance con Dickens son escasos, por lo que el diseñador se apoyó en las descripciones que Dickens hacía en sus novelas de las chicas jóvenes.

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Michael O’Connor se inspiró en pintores de la época para recrear el vestuario de algunas escenas. En la imagen, el cuadro “The Derby Day” de William Powell Frith.

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En la imagen, Charles Dickens y Nelly Ternan asisten a las carreras de caballos en el hipódromo Doncaster. Esta escena está inspirada en el cuadro “The Derby Day”, de William Powell Frith.

El gran reto de Michael O´Connor fue poder reflejar el paso del tiempo en la protagonista femenina de la película y lograr retratar a Nelly Ternan como chica joven y como adulta a través del vestuario. Para ello empleó colores oscuros, como el verde o el gris, para una Nelly madura que contrasta con los tonos pastel de la chica adolescente.

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“La mujer invisible” comienza con una escena donde aparece una mujer, vestida de oscuro, corriendo por la playa. Es el año 1885, una época en la que el color de moda era el negro.

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A la izquierda, boceto de Michael O´Connor. A la derecha, Nelly Ternan con abrigo, guantes y tocado de plumas en color negro. Los puños marinière del abrigo, para una escena que tiene lugar en la playa, ponen de manifiesto el nivel de detalle en el diseño de vestuario.

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Primer plano de Nelly Ternan con tocado de plumas atado a la barbilla, muy común en la moda femenina de esa época.

Cuando Dickens fallece, Nelly Ternan reorienta su vida y pasa de ser una mujer que ha estado a la sombra de su amante a convertirse en profesora de escuela, esposa y madre. Al comienzo de la película ella recuerda la relación con el escritor que marcó su juventud, algo que guarda en secreto y que, de alguna manera, le atormenta. Esa lucha con su pasado queda patente en la estética tenue y apagada del vestuario del personaje. Los trajes reflejan los cambios sufridos por la moda a finales del siglo, donde la silueta se ajusta al torso gracias a los corpiños, el miriñaque da paso al polisón para exagerar el trasero femenino y los pliegues de las telas se marcan formando drapeados en las faldas.

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A la izquierda, boceto de O´Connor con un diseño típico de la época, donde la parte delantera cae a modo de delantal y la falda trasera es voluminosa gracias al polisón. A la derecha, imagen de Nelly Ternan con cuerpo encorsetado y pajarita.

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La última década del siglo XIX se caracterizó por el cuello alto.

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Los colores juegan un papel importante para plasmar el viaje emocional de Nelly que, habiendo rehecho su vida, sigue atormentada por sus recuerdos de juventud. En la imagen, Nelly con escote cuadrado de volantes.

La acción de la película retrocede al año 1856 a través de flashbacks, donde Nelly, con 18 años, tiene el primer encuentro con el escritor Charles Dickens. Este período está marcado por la utilización del miriñaque o crinolina, una armadura interna que daba volumen a la falda, y calzones debajo de ésta.

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Escena donde aparece Dickens junto a Nelly, sus hermanas y su madre. Bajo las faldas con volantes emplearon miriñaques y hasta tres enaguas.

Al inicio, Nelly viste tonos apagados, como el gris, de tal manera que pasa casi desapercibida entre sus hermanas y su madre, que aparecen con colores más fuertes. En las escenas donde la joven se reúne con Dickens, O´Connor decidió emplear diferentes tonalidades de verde, el color predilecto del novelista. A medida que se afianza la relación con Dickens, Nelly viste de forma más llamativa, con tejidos estampados y adornos; sus faldas se tornan más amplias, una progresión natural de la moda de esa época.

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En sus encuentros con Dickens, Nelly siempre viste de verde pálido, el color preferido del escritor y que siempre emplea para describir a las chicas jóvenes en sus novelas. En la imagen, la protagonista con un chal, prenda que, junto a los mantones, era empleada como complemento.

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Se cuidaron todos los detalles, como el adorno que Nelly lleva en el cabello: una flor de geranio, la predilecta del novelista.

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Detalle del escote: manga corta y volantes.

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Detalle del guante de encaje de Nelly.

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El vestuario de los personajes principales se hizo a medida, necesitando aproximadamente dos semanas para crear cada pieza. En la imagen, Nelly con vestido de escote barco, común en trajes de tarde y noche en esa época, y gran lazo en el pecho.

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A la izquierda, boceto de Michael O´Connor del vestido de dos piezas que Nelly luce en las carreras de caballos, con mangas escalonadas y falda de volantes.

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Michael O´Connor siempre intenta involucrar a los actores en el proceso de su trabajo, que conozcan los detalles del vestuario para sentirse cómodos durante el rodaje.

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A medida que su relación con Dickens crece, el vestuario de Nelly se vuelve más acicalado. En la imagen, vestido con adornos de lazos y chaqueta. Como complementos, capota anudada con gran lazo, un pequeño bolso de mano denominado “ridículo”, y guantes.

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Detalle del puño de la camisa de Nelly.

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Otra evidencia de la evolución del personaje y el paso del tiempo en el film es a través de los pequeños detalles que iban cambiando en la moda de la época y que O´Connor trasmite en el vestuario. En la imagen, Nelly con un vestido de manga acampanada, muy en boga a partir de mediados del siglo XIX.

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Las mangas escalonadas y amplias comunes de la época.

A lo largo de La mujer invisible, la protagonista y los personajes femeninos lucen unos gorros o capotas utilizadas por la mujer en sus salidas al exterior.

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Capota de paja anudada con un lazo.

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Capota con ribete de encaje anudada con un gran lazo en la barbilla.

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Los sombreros fueron evolucionando y se hicieron más ajustados, dejando ver un poco más el rostro femenino.

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Nelly Ternan, durante su embarazo cuando mantenía una relación con Dickens. En la imagen, con sombrero de paja y adorno floral.

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Detalle del sombrero de paja de Nelly Ternan.

Para el personaje de Catherine Hogarth se tomaron como referencia fotografías de la época.  Debía mostrase opulenta, ella era la esposa de Dickens, en ese momento un afamado escritor, y la riqueza es visible a través de los vestidos, adornos y joyas que emplea en la película.

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A la izquierda, boceto de Michael O´Connor para el personaje de Catherine Hogarth, la esposa de Dickens. A la derecha, fotograma de la película donde porta un vestido de tartán, tejido de cuadros de origen escocés que puso de moda la reina Victoria a partir de 1848.

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A la izquierda fotografía de Catherine Hogarth. A la derecha, primer plano de la actriz que encarna a la esposa de Dickens, con adornos florales bajo la capota.

El propósito de Michael O´Connor de conseguir un vestuario lo más real posible se hace palpable en el personaje de Dickens, interpretado por Ralph Fiennes. El diseñador se valió de imaginación para recrear la ropa en las etapas de la vida del escritor, donde las fotografías son escasas, e ideó un vestuario moderno, con trajes informales más propios en los hombres jóvenes de la época. Dickens, al ser una figura pública, se preocupaba por la moda y por vestir bien, lo que O´Connor definió como un “Dandy” de su tiempo.

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Arriba, imagen de Charles Dickens. Abajo, el actor Ralph Fienens interpretando al escritor en “La mujer invisible”, donde se observa la lograda caracterización del personaje.

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A la izquierda fotografía de Dickens. A la derecha, secuencia de la película donde aparece el escritor con sombrero de copa y guantes de cuero.

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En la imagen de la izquierda, fotografía de Charles Dickens. En el centro, boceto de O´Connor para “La mujer invisible”. A la derecha, el actor Ralph Fiennes caracterizado como el famoso novelista inglés.

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Escena donde se aprecia el atuendo masculino común de mediados del siglo XIX. Charles Dickens podría ser considerado un “Dandy” de su época.

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En la vestimenta informal masculina se impusieron los tonos nítidos en pantalones anchos, el canotier y el bastón de paseo.

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Los chalecos de cuadros o bordados eran habituales en el atuendo masculino de la época. En la imagen, detalle de esta prenda en una escena de la película.

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En la imagen, Dickens con camisa de manga holgada, chaleco brocado y pajarita.

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Fotograma donde aparece Dickens con un chaleco con bordados verdes. Los tejidos bordados en esta prenda ofrecían color al vestuario masculino.

La mujer invisible refleja, sin duda, una cuidada indumentaria que le valió a Michael O´Connor la nominación a los premios Oscars en la categoría de mejor vestuario. Una película muy recomendable por su belleza escénica.

Texto: Lola Delgado Pozo

Fotos: Getty Images, IMDb, BBC Films, http://www.sonyclassics.com/theinvisiblewoman


https://retalesdeunidilio.wordpress.com/2015/01/05/la-mujer-invisible/

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